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lunes, 25 de junio de 2018

Burbuja

Imagen tomada de Pinterest

"Can anybody fly this thing? (...) 
We've been living life inside a bubble (...) 
Can anybody stop this thing?"

De la canción High Speed, del grupo Coldplay


Un día el mundo despertó dividido por una gigantesca burbuja. Una parte de la humanidad quedó atrapada dentro; la otra, fuera. Al inicio, quisieron comprender. Luego, atacaron las sólidas paredes transparentes con las armas disponibles, pero sobre la superficie pulida no apareció ni un rasguño.

Amigos y familiares quedaron separados, y mientras científicos, políticos e intelectuales trataban de encontrar una salida, la humanidad sufría y, paulatinamente, también se adaptaba.

Al cabo de unos años ya nadie buscaba soluciones. Los de adentro, despreciaban a los de afuera. Los de afuera decidieron que no había nada adentro que pudiera interesarles. Los intelectuales escribieron largos ensayos sobre el tema, con fuertes críticas a los políticos, -de ambos lados- que de forma vulgar se beneficiaban de la circunstancia, y los científicos, al principio tan preocupados, terminaron estudiando temas más trascendentales para la supervivencia. Cada parte se concentró en las carencias y no en las ventajas de su posición, y a lo largo de los años, el rechazo de un lado por el otro se fue arraigando hasta transmitirse de generación en generación.

Ya no existe la burbuja. Un día, como por milagro, desapareció. Nadie pudo notarlo porque estaban ocupados en mantener dentro a los de adentro y fuera a los de afuera. Nacieron así cientos de burbujas, como límites etéreos, que con el tiempo comenzaron a llamarse países.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Asignatura pendiente: Pequeña y mediana empresa en Cuba

Este post ya estaba escrito, esperando porque la universidad me diera un tiempo para revisar y retocar, cuando OnCuba publicó el artículo del profesor Juan Triana sobre el mismo tema. Honestamente, poco o casi nada tengo que agregar a lo que Triana dice en su trabajo, pero compartimos –somos muchos- preocupaciones similares, y por lo tanto, amerita repetirlas hasta el cansancio. A lo mejor un día alguien escucha.

Hay un común denominador en casi todos los que a lo largo de nuestra historia económica han teorizado y tratado de dar solución a nuestros problemas, que dicho sea de paso, siempre han sido muchos y más o menos los mismos. Lo que une a una parte importante de ellos, incluyendo a nuestro José Martí, es la defensa de la pequeña y mediana empresa como motor impulsor de nuestra economía hacia el crecimiento económico y el desarrollo.

Mientras más años pasan, más me convenzo de la razón que tuvieron. La idea del Estado omnipresente y omnipotente, que ve y resuelve todo, no solo es ingenuamente absurda, sino peligrosamente arcaica. Señalo que no disminuyo el papel del estado en la economía en cualquier país, y ni siquiera creo que deba ser el que le asignó la teoría neoliberal, de mero árbitro. Creo que la posición vital de regulador que debe tener el Estado, su atención especial y prioritaria a los sectores de influencia, como la Salud Pública y la Educación, por ejemplo, se está diluyendo en lo que todos en Cuba llamamos: abarcar mucho para apretar poco.

Escudados tras el temor al enriquecimiento (y regresamos al manido discurso agotado ya por inverosímil) se anuncian “nuevas” medidas que limitarán y restringirán el trabajo por cuenta propia en Cuba, que es lo mismo que decir, abandonando los eufemismos innecesarios, restringir la pequeña y mediana empresa. Traducido en términos económicos, esta medida implica reducir el único sector que aumentaba la demanda de fuerza de trabajo, el único sector que mostraba expansión en capital invertido y ocupación. Resumen: el ÚNICO sector que podía ser la esperanza luego que se contrajera el turismo a partir de las medidas tomadas por el presidente Trump, el huracán que desmanteló casi totalmente los cayos en el 2017 y conllevó destinar recursos a su reconstrucción,  y en medio de una restructuración económica que ha tomado más tiempo del previsto, incluyendo la unificación monetaria.

Resumiendo, como economista: NO es el momento de acorralar y asfixiar la pequeña empresa en Cuba, que aparece ante mis ojos como la única válvula de escape. No es un secreto que la inversión extranjera no ha crecido lo esperado y tampoco son un secreto las causas, pero a eso se le puede dedicar otro espacio. Por supuesto que las PYMES deben ser reguladas. De eso no cabe dudas. Reguladas para que no anuncien sin pudor alguno en los clasificados que contratan solo “personas de tez blanca”, reguladas para controlar el efecto ambiental de algunas de ellas, como las fregadoras, por ejemplo; reguladas para que respeten que existe una ley laboral en Cuba que no puede ser violada, y que sus trabajadores tienen iguales derechos a descanso retribuido de un mes al año, a jornadas que no excedan las 8 horas diarias y hasta a licencias de maternidad.


En mi ingenuidad sigo creyendo que de eso van a hablar cuando dicen regular. Porque soy así, optimista. 

miércoles, 18 de abril de 2018

De la cebolla y otros demonios (Parte II)

Foto de la autora
           ¡Finalmente! Yo quería escribir este post después de la unificación monetaria, pero por razones obvias me dije que mejor iba adelantando. El día de hoy marca un momento de definición política en Cuba con la transición en la presidencia del país. Mucho se ha dicho, especulado, y hasta mentido alrededor de este suceso.

La verdad es que la misión que le dejan al sucesor no es de juego. Haciendo un repasito breve sobre la Cuba de hoy, el próximo presidente recibe un país en crecimiento desacelerado, y me atrevo a decir que camino a una recesión, a pesar del anunciado crecimiento económico de 1.6% anual en 2017. Adicionalmente, la contracción de la Embajada de los Estados Unidos en la isla, así como las promesas de mano dura de la administración Trump han tenido un efecto adverso en varios sentidos. En mi opinión, los dos más importantes han estado en el sector turístico, una de las principales fuentes de ingresos en divisas al país, y con ello el sector privado (único en expansión como fuente alternativa de empleo), volcado en una proporción importante hacia servicios al turismo; y el sector de la inversión extranjera. De este último no tengo evidencias palpables, pero conociendo cómo reacciona el mercado, es lógico deducir que los potenciales inversores extranjeros contendrán sus deseos de poner dinero en un país cuyo desempeño futuro es como mínimo, dudoso. En adición a todo esto, no se debe menospreciar el impacto que la crisis económica y política venezolana han tenido en la economía de Cuba.

En este contexto, las válvulas de escape de la presión social se han cerrado. La emigración, por ejemplo, recibió su primer impacto con la eliminación de la política de pies secos, pies mojados, por el gobierno de Barack Obama y luego, el “casi cierre” de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana y la medida tomada de recurrir a un tercer país (primero Colombia, luego Guyana) para tramitar las visas de emigrante, ha cargado al proceso migratorio legal hacia ese país de dificultades logísticas y financieras adicionales.

El mero hecho de que emigrar se considere medio de descompresión social es un indicador de la gravedad de la situación dentro del país. No constituye secreto para ninguno de nosotros las complejidades del día a día de cualquier cubano de a pie, así que no creo que se necesite invertir tiempo en lo que se sabe: la cebolla sigue cara.

La vía interna de supervivencia la constituye sin dudas el emergente sector privado. Ahora, no podemos engañarnos. Las señales emitidas por el estado cubano en los últimos meses no se pueden considerar alentadoras. Con independencia de la importancia de un reordenamiento necesario y una redimensión de la política impositiva, con los que puedo estar hasta de acuerdo de cierta forma, creo que el momento no ha sido el más feliz.

Las políticas públicas deben considerar dos elementos importantes a la hora de ser implementadas: su eficacia y su pertinencia. Puede que de cierta forma se haga necesaria la revisión de las licencias emitidas e imponer límites y controles. Ok. Pero forma y contenido no son un par dialéctico por gusto. En las actuales circunstancias de Cuba, en la que las reformas avanzan a la misma velocidad que se construye un edificio de dos plantas (una eternidad) y ante los elementos ya mencionados, la verdad es que se envía un mensaje contradictorio y negativo al contener la emisión de ciertas licencias, cerrar cooperativas exitosas como Scenius -cuya justificación pública fue muy vaga-, y se prometen unificaciones monetarias, mejores cosechas de papas y crecimiento económico futuro que no llega. Hay lujos que ya no podemos darnos y es hora de comprender que en la Cuba de hoy, la confianza política no es lo que solía ser.  

La realidad de la lentitud de los cambios programados con la reforma propuesta por los Lineamientos, la escasez de productos de primera necesidad, las limitaciones para encontrar un empleo que ayude a satisfacer las necesidades básicas con el salario percibido, la reducción del turismo, las dificultades para emigrar y la maldita circunstancia del agua por todas partes, se suma a una realidad política y social diferente a la de los años ’90, cuando el país enfrentó una crisis económica y social cuyo único precedente estuvo en la década del ’20 del mismo siglo, setenta años antes.

Los cubanos residentes en la isla, en su mayoría, recuerdan la crisis de los 90, y me atrevo a especular que pocos están dispuestos a repetir la experiencia. El reto para el nuevo presidente no es pequeño: por una parte, aliviar al país de la potencial recesión implementando las reformas ya acordadas y otras que se irán imponiendo por el camino y, simultáneamente, por la otra, alcanzar niveles de vida decentes. Recordemos: crecimiento económico no necesariamente significa desarrollo social. Todo esto, enfrentando la actual administración de Donald Trump y una situación de caos político en las izquierdas de la región.

Yo, francamente, no lo envidio. Le deseo, y espero con honestidad, que sepa estar a la altura de su momento, porque el que me preocupa de verdad, mi pueblo, merece y necesita esperanza.