Buscar en este blog

miércoles, 7 de marzo de 2018

La unificación monetaria y la “percepción”

Imagen tomada de Internet
Mucho se ha dicho y se ha debatido sobre el tema de la dualidad monetaria en Cuba y sus efectos en la economía cubana. Aún así, es un tema difícil de entender por los no especialistas. A decir verdad, es un asunto complicado para los economistas, y se sabe que los economistas, por regla general, no sabemos explicar la economía, y ahí seguimos en el círculo vicioso de la incomprensión.

No me voy a referir a los efectos financieros de la unificación monetaria a nivel empresarial, porque eso lleva análisis que sobrepasan la intención de este post. Solo apuntaré que la tasa de cambio que rige en las empresas es una tasa de cambio artificial y que luego de la unificación, muchas de ellas, en la actualidad operando con un margen de beneficios importante gracias al tipo de cambio, muy posiblemente se encontrarán operando en números rojos o con un margen de utilidad muy bajo.

Sin embargo, a lo que deseo referirme es al efecto sicológico o de percepción en el pueblo, algo que no siento que se estudia o analiza en nuestro país lo suficiente en el momento de trazar políticas públicas. Se ha hablado mucho del impacto “real” de la reunificación, pero apenas nada del efecto percibido. Ese subyace bajo la realidad y la afecta. A fin de cuentas, todos tomamos decisiones basados en nuestra percepción de la situación y no de cómo es en realidad.

Hay un efecto disfrazado en el tipo de cambio y que será visible muy pronto. Muchos cubanos con los que he conversado afirman que es lo mismo dejar o quitar el CUC, porque en definitiva ya estamos pagando la tasa de 25 X 1 en nuestras transacciones diarias. Sin embargo, hay un componente sicológico vital en nuestras decisiones de compra. Cuando creemos que estamos siendo racionales, nuestro cerebro está siguiendo atajos para proponer soluciones no necesariamente óptimas. Con ello, lo que quiero decir es que cuando los precios cambien totalmente de cuc a cup, y solo tengamos etiquetas que muestren que un pantalón vale 500 cup, y no 20 cuc, o que un short vale 300 cup y no 12 cuc, o que la leche en polvo ya no se adquiere a un precio aproximado de 5 cuc, sino a 125 cup, percibiremos la realidad de una forma nueva, aunque nos resistamos a admitirlo. Si hoy sabemos que la vida en Cuba es desproporcionalmente cara, en ese momento, será carísima. Los precios no tienen que cambiar. Nuestra percepción lo hará y con ello, se pueden adelantar algunas consecuencias. La más obvia es que en los primeros tiempos, puede reducirse la venta de productos no imprescindibles. No importa que los precios ya se expresen en ambas monedas. El hecho de verlos en CUC aún, provoca una sensación subliminal de “no es tan caro” o de “es pagable”.

Por otro lado, ¿se mantendrán las estimulaciones, que ahora son en “divisas” en las empresas que tienen incorporado ese sistema? ¿Alguien se imagina las cartas de los restaurantes expresadas ahora en MN? ¿300 cup por un plato? También van a disminuir los clientes en los primeros tiempos, hasta que “sicológicamente” nos adaptemos a los nuevos cambios. Y cuando solo sea el cup, ¿en serio creemos que el cambio con respecto al dólar es de 25 vs 1? Pero esa pregunta solo podrá ser respondida por el tiempo.

A ello hay que sumar el efecto positivo de tener una moneda “fuerte” en términos también sicológicos. Ciertamente brinda más seguridad invertir o hacer turismo en un país con una moneda resistente frente al dólar u otras divisas internacionales, aunque solo sea una apariencia.  

En adición a eso, me pregunto: ¿se mantendrán precios diferenciados para turistas y cubanos en teatros, por ejemplo, donde los nacionales pagamos de 10 a 30 cup por una entrada y los extranjeros tiene que pagar entre 10 y 30 cuc? Si la respuesta es no, ¿se ha contemplado el impacto en la disminución de ingresos en divisas en el país? Si la respuesta es afirmativa, ¿se ha contemplado el efecto sicológico de la diferenciación? No tengo evidencias, pero creo que no es una práctica común internacional establecer precios diferenciados para turistas y nacionales para museos, instituciones o lugares históricos.

¿Cuánto dinero hará falta para comprar una casa? ¿La pagaremos en euros? ¿En libras esterlinas? ¿Y los carros? No me burlo, hablo muy en serio. Tendremos que usar notación decimal para expresar algunos precios, hasta los de la cebolla, muy pronto.


Yo apoyo la unificación monetaria, pero mi punto es que debe venir con un ajuste de la política de precios, o lo que es lo mismo, con el establecimiento de una verdadera política de precios. Lo de fijar un margen único que funciona lo mismo para la leche en polvo que para un jean desafía la lógica económica y financiera. Pero de precios ya hemos hablado. Y muy en serio.

jueves, 6 de abril de 2017

De la cebolla y otros demonios (Parte 1)


Este artículo tendrá más partes y serán presentadas semanalmente. Algo así como El Señor de los Anillos o Juego de Tronos, pero sin demorar tanto por la siguiente película o temporada.


La economía cubana está cargada de eufemismos e ironías, desde el nombre mismo. Si tuviera un peso por cada vez que me han dicho que eso no existe, hoy mis finanzas personales serían muy sólidas. Tengo mil anécdotas. Una de las más dolorosas (soy sensible a veces) fue en una fiesta de arquitectos cuando aún era estudiante universitaria. Una profesora de arquitectura (cuyo nombre nunca grabé, pero vive cerca de mi casa y es una de esas mujeres estiradas que habla como si los demás fuéramos inferiores intelectualmente), al escuchar que yo estudiaba Economía, no encontró mejor comentario para hacer que el siguiente:
-Yo no sé para qué en Cuba hacemos economistas, si aquí no hay economía.
Criatura… no contó con mi entrenamiento en lengua “sarcasm”, y le espeté:
-Para lo mismo que hacemos arquitectos, para que construyan Alamar.
Sobra decirlo: casi hay suicidios y homicidios esa noche. Lo peor es que había ido invitada por un muchacho que me gustaba bastante, y que, por razones muy misteriosas, no vi más… Hago la anécdota para ilustrar que ni los cubanos creen que la “economía cubana” existe. Es como un animal mitológico tipo el yeti o el monstruo del lago Ness.
Como soy masoquista, decidí especializarme en Estudios Cubanos (ya sé lo que están pensando), y fui profesora de asignaturas relacionadas con Cuba por muchos años… (¡cuidado con calcularme la edad!). Un amigo, profesor universitario en Estados Unidos, una vez se refirió a mi como “part time economist”, y es real, porque hace tiempo no ejerzo la carrera de manera directa, pero nunca me he desprendido de mis años de estudio sistemático, de investigaciones, de análisis, y sigo las noticias, la sociedad cubana y la intrincada madeja de puntos a veces difíciles de conectar entre sociedad, historia, política, economía…
Cuando un informático ve el pantallazo azul, ya sabe lo que hay. Bueno, la economía tiene pantallazos azules también. Los economistas los ven, y saben lo que hay. En un mundo “normal”, la prensa alerta, entrevista a los hacedores de política económica (aunque digan mentiras o escondan la verdad, al menos tienen que dar la cara), consultan especialistas y se dan cifras (aunque sea infladas o desinfladas para amortiguar el pánico). En un mundo normal (y no sé ya qué es eso, porque van quedando pocos) la población al menos sería advertida de que algo no anda muy bien.
Pero ya se sabe: vivimos en un mundo no tan normal. Sobra decir que la economía cubana jamás se recuperó de la crisis de los 90, y aquí haré una necesaria escala, no para hablar de una crisis de la cual se ha dicho casi todo, sino para reflexionar sobre su posible repetición.
No hace muchos años me leía una entrevista a un economista, ex profesor mío, y comentaba que la pérdida de Venezuela como socio comercial no afectaría a Cuba como lo hizo la caída del campo socialista (y yo preguntándome la razón) y argumentó que mientras con el campo socialista se había tenido un 90 % de intercambio comercial, con Venezuela solo (¿solo?) se tenía el … wait for it… 40%[1]. El cerebro casi me explota. Porque además, ese 40% corresponde en medida considerable al combustible, sin el cual, por supuesto, tenemos que parar el país.
No creo que haya que ser economista para entender el impacto que tendría en Cuba una caída del 40% de su intercambio externo, más en medio de esta reestructuración económica (la de los Lineamientos), como pasó a fines de los ‘80, con la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas… la maldita reiteración de la historia.
El silencio es preocupante. ¿Se acuerdan cuando éramos niños y los adultos no hablaban de ciertas cosas frente a nosotros para no preocuparnos? Ok, es lo mismo. Se nos da el tratamiento de niños que no sabemos manejar la situación. Es eso, o no quieren ser los adultos que no supieron manejar la situación.
Pues bien, Venezuela ahora tiene catarro, y de los malos. Me temo que a Cuba puede darle neumonía…
Y es hora ya de romper el silencio.




[1] De acuerdo con Oficina Nacional de Estadísticas, en el año 2014 era del 40.5%. http://www.one.cu/aec2014/08%20Sector%20Externo.pdf

lunes, 28 de noviembre de 2016

Y la muerte...

Foto: Denys Almaral
Me prometí no escribir nada pero va siendo inevitable. Otra vez divididos nos sonamos golpes de ciegos de un lado a otro. Los matices vuelven a ser para los cubanos de una y otra esquina, cosa de ficción. Para mi no.

Para los que están lejos tengo una noticia rara: Casi toda Cuba está de luto. Y muéranse ahora: un luto real, dolor de verdad. No un dolor impuesto como tarea del partido, ni convocado por el CDR. Lo siento fellows, pero es así. Empecemos por entender eso, y luego podremos también comprender a quienes celebran la muerte del símbolo, más que la del hombre... que en realidad estaba fuera hacía tanto que casi era igual que estar muerto.

Por lo demás, es penoso que un futuro presidente, como Trump, haga declaraciones como las que hizo. Trabajo en diplomacia, y eso es políticamente una mierda... La única embajada que no tiene la bandera a media asta... ¿saben cuál es? Si hubiese sido a la inversa, ¿creen que la Embajada cubana no hubiese bajado nuestra bandera con respeto? Respeto no es adoración, ni aprobación, ni te quita nada. El respeto te da clase, altura histórica…

El respeto es el principio de todo, es el punto de partida para la paz. Por respeto, a veces hay que tragar la prepotencia y entender.

Es verdad: tienen razón los que dicen que suspendió economía, los que creen que amordazó la libertad, los que hablan de la fallida libertad de prensa.

¿Pero saben qué? Yo respeto a mis padres, y mis padres lloran en silencio la muerte de quien les dio esperanza alguna vez. Entiendo los que por respeto a sus padres, no pueden llorar precisamente por lo contrario… Es así. La humanidad estará siempre dividida y no es cosa de mucha preocupación. Lo preocupante es que esas divisiones casi siempre son la causa de los muertos, reales y metafóricos.

A mi no me diga que Fidel fue peor y por eso usted coarta la libertad de otros de expresar lo que sienten, porque entonces usted está siendo mucho peor que Fidel, porque habiendo sido una víctima supuesta ahora solo quiere ser verdugo.


Entendamos que todos somos Cuba, aunque sea ahora, por un minuto, y dejemos que unos lloren su muerto, como le toca, en paz. Celebre el que crea que es necesario celebrar la muerte, pero sin agresión, sin violencia, con respeto. Al fin y al cabo, hay que admitir algo: Iku ha sido al fin la única ganadora…